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Puerto Iguazú y una de las maravillas del mundo

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Puerto Iguazú:

Finalmente llegamos a esta hermosa ciudad donde los atractivos turísticos se encuentran a cada paso y están muy bien explotados.

Ciudad turística por excelencia, sería la última a visitar por nosotras en la provincia de Misiones.

Apenas llegamos, decidimos parar en un centro de informes ubicado a la entrada de la ciudad. Allí conocimos a Claudio Sarmiento, quien además de informarnos sobre los paseos a realizar, nos permitió estacionar “La Charrúa” en un predio del Camping Coati y establecernos allí durante nuestra estadía.

También nos contactó con el presidente de turismo de la región, quién nos recibió en su oficina y nos obsequió las entradas al Parque Nacional Iguazú.

Esa misma noche y ya acomodadas en nuestro nuevo hogar, hicimos el primer asado de la vuelta al mundo.

El sábado 12 amaneció lluvioso, así que lo aprovechamos para recorrer otros paseos de Puerto Iguazú.

Visitamos “La Aripuca”, donde nos dejaron ingresar sin pagar los arg$ 30 que sale el ticket. Es un espacio construido con troncos de árboles gigantes como el Ibirapitá, que por diversas circunstancias murieron en la seva y fueron trasladados hasta allí formando un monumento que busca crear conciencia sobre la preservación del medio ambiente sustentable.

También hay una construcción macro de una “Aripuca” (jaula pequeña en guaraní, utilizada para cazar animales sin lastimarlos).

Apreciamos las estructuras hechas de madera y cañas tacuara y degustamos el típico helado de yerba mate.

Estuvimos charlando con Oto, su dueño, quien nos regaló un paquete de yerba para el camino y posó junto a nosotras en una foto que retrató el momento.

De allí nos dirigimos a “La casa ecológica de botellas”, donde conocimos a Alfredo Alberto Santa Cruz y su señora.

Juntos nos mostraron su casa y sus muebles, todo hecho a base de botellas y materiales que uno normalmente desecha.

Nos contó que todo surgió en un momento económicamente crítico para ellos, y con la basura que tenían, descubrieron que podían fabricar cosas y hacer de ellas elementos útiles que les permitieran subsistir: muebles, las paredes de la casa, juguetes, cartucheras, bolsos, vasos, materas y una infinidad de artículos que uno se asombra de apreciar.

Luego de escuchar sus historias y compartir un hermoso momento, partimos con la promesa de que seguiríamos en contacto.

A la tarde recorrimos la costanera,  hasta llegar al “Hito de las 3 fronteras”.

Rodeado de una vista panorámica única, este imponente atractivo de más de 100 años representa el encuentro de tres países divididos por 2 ríos: Paraná e Iguazú.

El domingo fuimos a visitar la “Aldea Yryapú”. Es un paseo en el que se recorren senderon en la selva, conociendo ls distintos árboles utilizados por los guaraníes como medicina. También nos mostraron las diferentes trampas que usaban los antiguos guaraníes, para atrapar los animales que después utilizaban como comestible.

Al finalizar el recorrido, conocimos la aldea donde actualmente vive este pueblo, en un predio de 265 há.

Dialogamos con Ricardo, el maestro de la aldea, que nos contó el modo de vida que llevaban sus ancestros, estableciéndose en un lugar donde vivían de la caza y la pesca hasta que se agotaban los recursos. Llegado ese momento(aproximadamente 2 años), se trasladaban a otro sitio.

Hoy en día, la comunidad vive prácticamente del turismo y de la ventad e artesanías, ya que según nos dijo Ricardo, la selva se empobreció tanto en las últimas décadas, que no quedan animales como para sustentarse.

A la salida paramos en lo del “Indio Solitario”, donde conocimos a Matías y coordinamos una cabalgata ecológica para el otro día.

A las 11 de la mañana del día siguiente comenzamos la “Cabalgata Ecológica” guiada por la selva misionera.

Avanzando por ajustados senderos entre la vegetación, disfrutamos de la observación de la flora y fauna autóctona, en un paseo totalmente recomendable.

Terminando el día, hicimos el paseo “Iguazú Aventura”. Es una travesía por los Ríos Iguazú y Paraná, en la que observamos desde el agua el Puente Internacional Tancredo Neves que se encuentra situado sobre el río Iguazú, uniendo las ciudades de Foz do Iguazú(Brasil) con Puerto Iguazú(Argentina).

Desde el catamarán se aprecia una vista panorámica de los 3 hitos: Argentina, Brasil y Paraguay.

Parque Nacional Iguazú:

A pesar de la inestabilidad del clima, el 16 de octubre finalmente nos dirigimos a conocer las cataratas, la más importante de las atracciones turísticas que ofrece esta ciudad.

Con entradas obsequiadas por el presidente de turismo de Iguazú (Claudio Álvarez), ingresamos al parque Argentino.

El río Iguazú tiene sus nacientes en la Serra do Mar, y tras un recorrido de 1320km, desemboca en el Río Paraná. La mayor parte de su extensión transcurre en territorio brasileño; sólo en sus últimos 133 km constituye el límite natural entre la Argentina y el vecino país.

Su nombre responde a la denominación guaraní que significa “Agua Grande”. El caudaloso curso se mantiene por kilómetros como un río ancho y de poca profundidad, que recibe el aporte de varios arroyos. Dentro del parque, el río forma numerosas correderas, donde afloramientos rocosos aceleran la velocidad de la corriente. Antes de desembocar en el Paraná, el Río Iguazú alcanza un desnivel de más de 70 metros de altura, y el agua se desploma para dar origen a las famosas cataratas.

Realizando una travesía entre la costa del Atlántico y Asunción del Paraguay, el español Alvar Núñez Cabeza de Vaca se encuentra con las cataratas en el año 1542, y la bautiza con el nombre “Saltos de Santa María”.

A fines del siglo XIX, del lado brasileño y argentino hombres ilustres comienzan a frecuentar esta maravilla de la naturaleza, y plantean la necesidad de protegerla y darla a conocer.

A principios del siglo XX se crean los dos parques nacionales en torno a ellas: el “Iguazú” en 1934 (Argentina), y el “Iguacú” en 1939 (Brasil).

Ambos reconocidos por la UNESCO como Patrimonio Natural de la Humanidad.

Consideradas una de las 7 maravillas modernas, las Cataratas del Iguazú ofrecen un escenario de encanto inigualable, donde un ocasional arcoíris se confunde con los numerosos saltos, y despierta las emociones más profundas en el visitante.

Los vencejos de cascada, son el ave emblemática del parque, ya que encuentran refugio y nidifican detrás de las caídas de agua. Al igual que éstos, cientos de otras especies animales y vegetales conviven la majestuosidad de esta selva subtropical.

Quedamos impactadas al poder observar y disfrutar esta maravilla de la naturaleza, que nos emocionó hasta las lágrimas.

Tuvimos la fortuna de poder realizar el paseo Gran Aventura de la empresa “Iguazú Jungle”.

Con él avanzamos 5.5 km en un vehícul todo terreno a través del sendero Yacaratiá hasta llegar a Puerto Macuco donde embarcamos en una lancha a motor que navegó por las aguas rápidas del Iguazú inferior hasta ingresarnos en el área de cascadas. Esta travesía finalizó con la aproximación a los saltos argentinos más importantes, y el inolvidable “bautismo” en las caídas de agua que nos dejó con la adrenalina a flor de piel!

Más tarde caminamos por las pasarelas muy bien situadas para que el turista tenga varios puntos de vista de las cataratas y sus distintos saltos.

El cierre de oro del día, fue cuando tomamos el tren que lleva a la estación “Garganta del Diablo”.

Allí caminamos por las pasarelas donde se aprecia el Iguazú superior, hasta encontrarnos con la imponente caída de agua que forma la Garganta del Diablo.

El ruido del agua al golpearse con las rocas se escucha desde varios cientos de metros y aumenta su volumen a medida que uno se va acercando al mirador. Las gotas de agua que suben y salpican al visitante forman un paisaje alucinante del que difícilmente se salga seco.

Iguazú Forest:

Después de casi 8 días de estar en Puerto Iguazú y recorrerla de punta a punta viviendo desde adentro cada uno de sus atractivos, realizamos este paseo que ofrece una experiencia de ecoaventura distinta y muy divertida.

A tan sólo 7 km de la ciudad y en medio de una reserva perteneciente al “Corredor Verde” , se desarrolla esta aventura. Allí disfrutamos de la “tirolesa” que nos deslizó a gran velocidad y altura entre los árboles de la selva, y vivimos la increíble experiencia de hacer Rappel en una cascaa donde descendimos por las rocas en medio de un salto de agua de más de  metros que nos dejó mojadas de pies a cabeza!

Autor: ANA CAROLINA

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