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Ompetepe, una isla mágica.

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Esta maravilla natural esta ubicada en medio del gigante lago Nicaragua. El lago Nicaragua es el lago mas grande de américa, y tiene la particularidad de ser el único sitio de agua dulce donde viven tiburones. De aguas profundas y bastante oleaje.

Para llegar a la isla, maneje hasta la ciudad de Rivas y desde allí a Playa San Jorge, donde me embarque en un ferry con la charrúa a un precio de unos 15 dolares, para que me cruzara hasta Moyogalpa, una de las ciudades principales de la isla.

El viaje duró una hora y llegue en la tardecita. En medio del embarque me encontré con juli y Tati, dos viajeros mochileros argentinos que había conocido en Panamá. Así que juntos seguimos. Los chicos esa primer noche pagaron un hostel y consiguieron que me permitieran estacionar mi camioneta allí. Una muestra más de la buena onda de los Nicas…la dueña del hostel y una de las chicas que trabajaban allí, muy amables, simpáticas, se pusieron a hablarme de inmediato y averiguarme vida y obra contándome que otras dos chicas uruguayas recientemente se habían hospedado allí, y oh casualidad de pequeñito que es el mundo yo las conocía a ambas.

La isla de Ometepe tiene la particularidad que a pesar de no ser una isla muy grande (unos 50 km) en ella se encuentran 2 volcanes, uno de agua, con un lago en su cráter, y otro de fuego, actualmente activo. Eso le da una mistica especial a la isla y como a mi me atraen tanto los volcanes más aún.

Al otro día nos levantamos, desayunamos y salimos rumbo al volcán Maderas (el de agua), que es el único que se podía escalar, ya que por la actividad el Concepción estaba prohibido. Maneje una media hora, pasando por pueblitos quedados en la historia, caseríos de campesinos, trabajadores de la tierra o pescadores. Gran parte del camino de ripio, con un ripio hecho de piedras formadas por la lava volcánica, recuerdo de alguna antigua erupción del Concepción.

Ganado, cerdos, gallinas y buelles a un costado del camino trabajando duro. La gente muy humilde, respetuosa y amable. Media hora después llegue a la Finca Magdalena, desde donde comienza uno de los senderos para subir al lago del volcán Maderas, después de pagar unos 2 dólares por persona comenzamos el ascenso, que duraría unas 4 horas. Camino bastante empinado, en un clima húmedo, caluroso y bastante cansador. En determinado momento llegamos al sector del bosque nuboso, y es que la cima del volcán estaba literalmente dentro de la nube!

 Apenas llegamos se comenzaron a escuchar truenos, y la lluvia que comenzó a caer serena haciéndonos sentir alivio al refrescarnos. Pero poco a poco se volvió más intensa, hasta torrencial, el sendero se convirtió en una trampa resbalosa que parecía una catarata que bajaba por la ladera, y no nos  quedo otra que desistir el ascenso y regresar a la finca Magdalena. Allí aprontamos unos mates y pasamos un par de horas charlando.

Fue entonces cuando me comunique con Lisbeth Barrios, hija de una amiga de Priscila Mora Flores, la tica viajera que conoci en Huanchaco y después reencontré en Heredia.

Gracias a ese contacto tenia su numero y por teléfono sin conocerme me dijo que me fuera a su casa, incluso con la pareja de argentinos, que todos seriamos bienvenidos.

Llegamos a un caserio en la zona de Santa Teresa, llamado “S”. Todas casitas recién construidas, de un complejo de viviendas que fueron entregadas apenas unos días antes de mi llegada. Unas 200 coloridas casitas, construidas de material liviano y sin ventanas, entregadas a familias que vivian en las cercanías, en casitas humildes y en sitios donde corrian riesgo de ser arrastradas por deslaves o por la lava del volcán Concepción. Fueron redistribuidos y colocados en este sitio.

Frente a estas casitas estaba la casa de Doña Olga.

 Doña Olga hace mas de 40 años vive en el lugar, terreno que le donó su antiguo patrón para que construyera su casita. Todos los alrededores eran campos  de cultivo, y ahora de pronto se convirtió en un barrio con mas de 200 familias vecinas.

Desde la casita de Olga se observa un panorama único, y es que esta a poca distancia del Volcan Concepcion, que se muestra sublime, intacto y amenazante, pero con la belleza y atractivo que tienen todos los volcanes.

Apenas llegue, Doña Olga me recibió con un fuerte abrazo que se hizo sentir y de inmediato agarro un juego de llaves y nos llevo a mostrar la casita N 1 del complejo de viviendas. Casita que le pertenecía porque se la habían dado a cambio de un pedacito de terreno que le quitaron. Ella orgullosa de su casita aun sin estrenar, me dio las llaves y me dijo: para que la uses y te puedes quedar aquí el tiempo que quieras. Eres bienvenida siempre.

Mi corazón se conmovio al máximo al escuchar sus palabras. Sin conocerme, me estaba dando a mi las llaves para que estrenara su vivienda!  De inmediato salio a buscar unas lámparas para que no me faltara la luz y unas sillas para mi y para los chicos.

Alli quedamos charlando y tomando mate con Juli y Tati, y poco a poco se comenzaron a acercar chicos del barrio y otros vecinos curiosos preguntando de donde eramos,  y hasta cuando nos quedariamos. Todos poniéndose a las ordenes para lo que necesitaramos.

Un señor volvia de trabajar, con un machete en la mano, y se detuvo a charlarnos Nos contó que venia de trabajar la tierra, que el vivía de cultivar arroz, frijoles, platano y ajonjolí…como la mayoría de los vecinos.

Es un pueblo campesino, y prácticamente todos viven de cultivar la tierra, de criar cerdos o gallinas o de la pesca que se obtiene en el lago.

Todo gente muy humilde pero con un corazón de oro.

Seguimos charlando con Yulisa Lorio Solis, una joven con una sonrisa gigante, de unos 16 años que también se acerco a hablarnos y de inmediato nos empezó a llevar a conocer otras casitas de familiares o amigos de ella. Todos recién reacomodándose a la nueva vida en comunidad ya que antes sus casas estaban distantes las unas de las otras, y en su mayoría no tenían ni luz ni agua, cosa que con estas nuevas viviendas les había mejorado la calidad de vida.

Alli llegamos a su casa, y conocimos  Don Dionisio, su papá, hombre dedicado a la pesca de tilapias y mojarras amarillas del lago Nicaragua. Al igual que su hija, con una sonrisa gigante me contó que dejo su ombligo en la isla, refiriéndose a que toda su vida vivio aquí. Amante de la música, saco la guitarra y un par de maracas, y en conjunto con otro vecino que trajo un acordeón, se formo el baile en la vecindad para darnos la bienvenida. La mayoría canciones cristianas, lo que acostumbran a escuchar ellos. Raro para nosotros pero hermoso poder compartir  y corroborar una vez mas la calidez del Nica.

Sus casitas nuevas, aun en preparativos y sin terminar. A apenas una semana de entregadas, muchos ya habían construido anexos como una especie de despensa, gallineros y hasta cerditos atados tenían. Su vida en el campo la trasladaron a este caserío. Las cocinas en el exterior, y es que aquí se cocina a leña. Una especie de mesada consrtuida de maderas duras, unos ladrillos y leña, sobre unas parrillitas apoyan las ollas que terminan negras de tizne, como se solía hacer antiguamente en Uruguay.

Después de horas de serenata y ya cansados nos fuimos a dormir. Al otro día Yulisa nos haría de guía turística por la isla.

A media mañana salimos en la charrúa a darle la vuelta al volcán maderas, pero el camino estaba en demasiadas mal estado,a si que decidimos regresar y dejarlo para la próxima visita.

Después de 2 noches de hospedaje en lo de doña Olga decidimos continuar viaje, con el corazón desbordado de tanto amor recibido. Gracias Doña Olga por tanto, me llevo un gran aprendizaje!

Autor: ANA CAROLINA

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