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La mística isla grande de Chiloé

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Y quería conocer la mítica isla de Chiloé….Manejé por la ruta Panamericana 5 hacia el sur, hasta llegar al poblado de Pargua. Apenas arribada, me esperaba una barcaza que sale cada 15 minutos para cruzar el Canal del Chacao. Embarcada la «Charrúa», con una decena de vehículos más, comenzamos los 30 minutos de cruce acompañas por toninas y una multitud de aves que surcaban los cielos del canal.

 Una vez en tierra, y mientras decidía que camino tomar, se me acercaron unas mujeres que vendían empanadas de mariscos, a curiosear sobre la campaña “Yo también me sumo”, y luego de charlar con ellas sobre el tema un rato, continué rumbo a Ancud.

 La isla grande de Chiloé se divide en 3 regiones: La norte, cuya principal ciudad es Ancud; la centro, cuya principal ciudad es Castro; y la sur, con Quellón.

Chiloé, geográficamente separada del Chile Continental, tiene características bien particulares, tanto naturales como culturales.

Con la particularidad de haber sido ocupada por los conquistadores españoles y el penúltimo lugar en el continente donde flameó la bandera de España, el pueblo Chilote es hoy el producto de un mestizaje hispano-mapuche, ya que el pueblo Chono que originalmente habitaba las islas está hoy extinguido.

Es un pueblo notoriamente marcado por lo que fueron las misiones jesuitas en la región, que dejaron decenas de iglesias construidas en madera, que aún hoy son un testimonio vivo de esa historia.

También es un pueblo con leyendas y muy creyente en seres mitológicos que según dicen habitan la región, como es el caso del “Trauco”, cuya historia relataré más adelante.

La geografía de la isla es bien cambiante, con sus subidas y bajadas, ríos, vistas al oceano Pacífico o al mar interior y la vegetación bien verde por las frecuentes lluvias.

Pasé la noche en Ancud, una ciudad tipicamente portuaria donde se encuentran vestigios de algunos de los fuertes del fin del mundo. Al otro día recorri la Bahia de Quetalmahue con sus criaderos de ostras. 

Lloviznaba, como es costumbre por estos lares, y me dirigí al poblado de Quemchi para hacer “La ruta de las Iglesias de Chiloé”.

Muchas de ellas declaradas patrimonio de la humanidad por la Unesco, son una manifestación de la religiosidad inculcada por las antiguas misiones evangelizadoras y una muestra del valioso tesoro de la escuela Chilota de arquitectura en madera.

Construidas por carpinteros de ribera, quienes las forjaron utilizando solamente madera, incluso los ensambles y tarugos sin utilización de clavos.

Realmente me deslumbre al ver tan increíbles obras, algunas en proceso de restauración por el paso de los años.

Desde allí, kilómetros de caminos de ripio, subidas, bajadas, curva y contracurvas parando en pequeñas poblaciones detenidas en el tiempo cuyos habitantes viven principalmente de las bondades del mar. Colo, Tenáun con sus casitas construidas de tejuelas de alerce al estilo alemán y que denotan el paso de los años y las inclemencias climáticas, Delcahue con su movido puerto desde donde parten las embarcaciones que visitan las otras islas del mar interior.

Finalmente llegué a Castro, donde aún existen los barrios de Palafitos. Son casitas bastante humildes, todas hechas en madera, algunas más cuidadas que otras, con sus paredes recientemente pintadas con llamativos colores.

Si bien esta forma de construcción sobre pilares en el agua no es originaria de Chiloé, fue adoptada en Ancud, Quemchi, Castro, Chonchi y otros pueblos para lograr un mejor aprovechamiento de la ribera durante la fuerte expansión comercial del siglo XIX. Hoy sólo quedan algunos ejemplos de estos en Castro.

El mar estaba bajo a la hora que las visité y el barrio denotaba pobreza, con olor a cloacas que probablemente se vierten al mar.

Y el 10 de marzo a la tarde llegué a Quellón, la ciudad más al sur de la isla y donde finaliza la panamericana sur o ruta 5. Es una ciudad de gran importancia en Chiloé y en el sur de Chile , pues gracias a su puerto hay comunicación marítima con zonas aisladas de la Patagonia Chilena, además de ser un importante centro de transacciones económicas en lo que a productos del mar se trata.

Ya atardecía y recorrí la costanera observando las embarcaciones de todo porte que entraban y salían del puerto.

Maneje hasta Punta Lapa. Este es un balneario alejado un poco de la ciudad y desde donde se observa todo Quellón con sus casitas distribuidas e la ladera de una loma. Desde Punta Lapa se puede observar el volcán corcovado y la isla Cailin, pero el clima nublado no me ayudó para poder fotografiarlos.

Allí también esta un monumento con la forma de un enorme “Sacho” o ancla chilota fabricada de madera, conmemorando la finalización de la ruta panamericana que comienza en Alaska. 

Y desde allí comencé mi camino de ascenso, destino: ALASKA!

Autor: ANA CAROLINA

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