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El magnífico Lago LLanquihue

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Con 860 km2 el Lago Llanquihue es el segundo más grande de Chile, pero su belleza y principal atractivo no proviene de su tamaño….Es porque en las aguas calmas y cristalinas del Llanquihue, se refleja el gigante volcan Osorno, que se observa desde los distintos poblados que rodean al lago y les da un tinte soñado a la región.

Y hasta allí llegué con mi Charrúa, bordeando la orilla de este hermoso lago, que según la leyenda mapuche de la princesa Licarayén dice que fue formado después del sacrificio de Licarayén, la hija del cacique, que entregó su corazón para apaciguar la ira del Hueñaca y así terminar con la maldición que aquejaba a su pueblo.

Al entregar el corazón de la princesa al Pillán, empezó una gran nevazón que apagó al volcán y al mezclarse el fuego con la nieve, se hicieron los largos ríos de agua, que forman los lagos del Llanquihue, Chapo y Todos los Santos. Así comienza la historia de estas tierras legendarias con un asentamiento Huilliche Mapuche, raíces indiscutidas de la cultura ancestral. 

Siglos más tarde, colonos alemanes llegaron al lugar y comenzaron a poblarlo de a poco. Dejando también en estos lares parte de su cultura que se ve reflejada hasta el día de hoy en las construcciones y en la gastronomía, como es el caso de las típicas «Kuchen» que se sirven por aqui.

Mi primer destino fue Puerto Octay, un pueblito muy pequeño, con sus casitas antiguas construidas en madera, y con una de las mejores vistas del Osorno.

Era de tardecita, y después de un breve rcorrido por Puerto Octay, continué el camino que bordea el lago hasta llegar a Frutillar, unos 30 km más adelante.

Todo ese camino es mágico, caía el sol mientras avanzaba en la ruta y la vista del lago con el volcán apenas cubierto por copos de nubes rojias me hacían pensar lo afortunada que soy de poder deslumbrarme observando de cerca tantas bellezas.

Frutillar es otro de los poblados típicamente alemanes que se formaron a la orillad el Lago Llanquihue.

Se divide en Frutillar Alto, donde se encuentra la población mayoritariamente obrera; y Frutillar Bajo, a la que se accede luego de descender por una larga y pronunciada pendiente hasta llegar a la orilla del lago.

Meticulosamente ordenado y decorado, sus pequeñas calles, sus casitas de madera, los restaurantes alemanes y las infaltables casa de Kuchen.

Frutillar debe su nombre a las plantaciones de frutillas y uno de sus símbolos más destacados son los festivales de música que se realizan año a año en el magnífico teatro del Lago, donde pasé gran parte de la tarde deslumbrándome con el paisaje.

La ciudad de Puerto Varas, fue mi última parada costeando el lago. Con su clima lluvioso gran parte del año, tiene una magnífica naturaleza siempre verde. 

Llegué a la tarde y de inmediato me fui a recorrer la costanera, desde donde se observan los volcanes Osorno y Calbuco.

Desde el cerro Philippi y el Monte del Calvario se obtienen los mejores planos de la ciudad, que es notoriamente más grande que las anteriores, pero que conserva el encanto de los orígenes alemanes mezclados con la influencia Chilota, el uso de tejuelas de alerce en sus revestimientos y de roble, laurel y fierro galvanizado en sus estructuras, son materiales comunes en estas casas, algunas de ellas con valor patrimonial.

Autor: ANA CAROLINA

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